Tomó de la mesa la damajuana de aguardiente y la sacudió. Estaba vacía completamente.
Federico Bullen dejó su taza de hojadelata con una risa forzada. Los demás hicieron lo propio.
El viejo examinó el contenido y dijo más animado:
—Me parece que hay bastante. Esperar un momento; vuelvo en seguida.
Y entró de nuevo en el cuartito, llevándose una camisa vieja de franela y el aguardiente.
Como la puerta quedó entreabierta, se oyó distintamente el siguiente diálogo:
—Dime, hijo mío, ¿dónde te duele más?
—Me duele todo. Ora aquí y ora ahí debajo; pero es más fuerte de aquí a aquí. Corre, padre, friega fuerte.
Y el silencio parecía indicar una viva fricción. Entonces, Juanito dijo:
—¿Pasas un buen rato allí fuera, padre?