Si un convidado, amigo del dueño, ha llevado a petición de este uno de sus criados, no debe darle órdenes ni reconvenirle, pues a la sazón no es servidor suyo, sino del anfitrión.
Los cuchillos y los tenedores no se colocan en el sentido longitudinal de la mesa, sino siempre a los lados del espacio que ha de ocupar el plato.
Es ocioso decir que el cuchillo no ha de llevarse jamás a la boca: eso sería tan inconveniente como recargar el tenedor con carne y vegetales que deben tomarse por separado.
A medida que se corta, se va comiendo, sin precipitación y sin sobrada lentitud.
El pan, que ya al desplegar la servilleta debe colocarse a la izquierda del plato, se parte sobre este con los dedos.
La sal se toma con la cucharilla.
Evítese el ruido de la masticación, así como el que resulta del choque del cuchillo y tenedor entre sí o con el plato.
No se sopla nunca la comida, ni se tocan los huesos con los dedos, ni se limpia la salsa de los platos.
El cuchillo y el tenedor, concluido cada plato, se dejarán sobre el mismo.
La cuchara debe quedar también en el plato para que sirvió.