Una de las condiciones impuestas por el Gen. Díaz á Iglesias fué: “que dicho General sería Ministro de la Guerra en el Gobierno del Presidente Interino”; condición inaceptable, puesto que Iglesias había declarado en su manifiesto, que ni él ni sus Ministros figurarían como candidatos en las elecciones á que convocara: circunstancia á la que no quiso plegarse el Gen. Díaz. De modo que el caudillo revolucionario, no sólo reconocía al Presidente Interino, sino que deseaba formar parte de su Gabinete.
El reconocimiento se hacía, conforme al art. 82 de la Constitución, y conforme á él eran del todo improcedentes las condiciones puestas por el Gen. Díaz.[13]
Esta controversia sobre un punto de legalidad y de constitucionalidad estuvo bien manejada por el General Díaz y su banda revolucionaria. Sin embargo, tenía admirable semejanza al argumento entre el lobo y el cordero. Como era de suponerse, las negociaciones no dieron ningún resultado, y el único vestigio que de legalidad quedaba tuvo que huir hacia los Estados Unidos, para conservar la vida.
Con este incidente termina la lucha de nueve años emprendida por Porfirio Díaz con el objeto de capturar la Presidencia de la República.
El Cuarto Período.
Nunca debe entregarse una nación á un hombre, quien quiera que sea y cualesquiera que sean las circunstancias.
Thiers.
Un pronunciamiento, según el talentoso historiador mexicano C. Pereira, (forma que tomó la desmoralización militar en España y sus antiguas colonias), es la intervención del ejército armado en los negocios públicos, imponiéndose por la fuerza. Como el papel social del ejército es la conservación del orden y la defensa de la patria, el pronunciamiento constituye un crimen.
El pronunciamiento de Tuxtepec fué la escala por la que ascendió Porfirio Díaz al poder, es decir, por medio de un crimen.
Así como Napoleón Bonaparte sólo pudo conservar su corona por medio de las armas, Porfirio Díaz mantiene su poder autocrático sólo en virtud de una serie ó concatenación de felonías políticas. Una relación detallada de todas las atrocidades cometidas por orden suya y por medio de sus asalariados asesinos, llenaría las páginas de tres gruesos volúmenes en folio, por lo que me limitaré á hablar únicamente de los más cobardes y característicamente torpes, para dar una idea de su mistificador “gobierno pacífico”.