Su primer período fué el cimiento para afianzar su poder imperial. Utilizó el período del General González para hacer experimentos sobre los resultados de las iniciativas del arreglo de la famosa deuda inglesa, del Banco del Gobierno y de la emisión de una nueva moneda de níquel, de á cinco centavos.

Muy diestramente y con conocimiento perfecto de la codicia de González, sugirió esas iniciativas cuando fué Ministro de Fomento, en el gabinete del mismo González.

El gobierno de Porfirio Díaz no dejó en las arcas federales ni un centavo partido por la mitad, para su sucesor, Manuel González, á pesar de que los ingresos de la nación en la última parte del año de 1880 revelaron gran aumento, ascendiendo á $22,278,845.[15]

Al terminar su primer período, en 1879, se declaró en contra de la reelección, no de un modo sincero, sino simplemente porque sus cómplices revolucionarios, los generales conspiradores y rebeldes que le habían ayudado, no le hubieran permitido monopolizar el poder y los productos de cohechos y sobornos y chanchullos.

Entonces decidieron postular para Presidente en el período de 1880, á un hombre leal, que obedeciese ciegamente las órdenes del partido. El General Mier y Terán fué el designado.

Pero, por desgracia para ellos, Mier y Terán, como Gobernador del Estado de Veracruz, obedeció demasiado al pie de la letra la orden de asesinato que le dió el Presidente Díaz en el famoso 25 de Junio.[16]

Ese acto cobarde levantó una tremenda tempestad de indignación contra la administración de Díaz, y eliminó la candidatura de Mier y Terán.

Entonces se escogió á Justo Benítez, ex-secretario de Porfirio Díaz, su consultor y su Mefistófeles durante el período revolucionario. Pero Díaz sospechó de la lealtad de Benítez, y entonces se pensó en el General González, quien, además de ser compadre del Presidente, era soldado y obedecería sus órdenes sin vacilar.

González fué uno de esos innumerables rebeldes de profesión, de los que, desde que México se independizó de España, habían tomado las revoluciones como un modo de vivir.

Sin escrúpulos, desprovistos de patriotismo, faltos hasta de los más rudimentarios conocimientos militares, el único talento de esos hombres, con muy pocas excepciones, consistía en el valor en la pelea. Sus conocimientos tácticos corrían parejos con los del General Cartaux, quien escribió á la Asamblea Nacional proponiéndole su plan para la toma de Tolón, el cual consistía en que “el general de artillería bombardeará á Tolón por espacio de tres días, al cabo de los cuales lo asaltaré con tres columnas y lo tomaré á viva fuerza.”[17]