Para esos aventureros la presidencia estaba simbolizada por el Palacio Nacional, donde reside el Presidente de la República, como para los mahometanos la Mecca ó Medina sintetiza el mahometismo.
Sus proclamas rezan, por regla general: “Este plan se pondrá en toda su fuerza y vigor tan luego como el General en jefe del Ejército Regenerador ocupe el Palacio Nacional.”[18]
Es evidente que consideran la nación, especialmente el tesoro público, como algo que les pertenece en propiedad.
Porfirio Díaz era el asociado y compinche de esos filibusteros, absorbió sus medios, sus ambiciones y alcanzó buen éxito donde los otros fracasaron.
La administración de González saqueó el tesoro nacional, vendiendo concesiones ferrocarrileras, con proyectos de colonización, con empréstitos, con lo del Banco Nacional, etc. Él y su pandilla ordeñaron el tesoro hasta extraerle la última gota, hasta el último día, en el que, como despedida, el Presidente extrajo los $9,000 que quedaban en las arcas de la nación.[19]
Entre los ministros de González figuraron Ignacio Mariscal, encargado de la cartera de Relaciones, y Francisco de Landero y Cos, Secretario de Hacienda. Ambos fueron la honradez personificada.
El General González, con la ayuda de su genio maléfico, Ramón Fernández, Gobernador del Distrito Federal, conspiró para deshacerse de Landero y de Mariscal.
Cuando se puso á discusión en el Congreso la Ley del níquel, el General González envió orden para que se suprimiese la limitación de pagos. Esa limitación y la Ley eran obra del ministro Landero, quien llegó al Congreso demasiado tarde para tomar participación en el asunto, y como comprendió el espíritu de la orden mencionada, presentó su renuncia. Pero antes de salir del ministerio, declaró ante el Congreso que había en las arcas del Gobierno más de un millón de pesos.[20]
Para aquella manada de lobos famélicos eso fué un llamamiento al robo y al pillaje.
En el arreglo de lo del Banco Nacional, los banqueros franceses, que fueron los que proveyeron el capital, tuvieron que gastar $1,000,000 en acciones, y $1,500,000 en efectivo, para sobornar á la Administración.[21]