El empréstito para el pago de la deuda inglesa les debió proporcionar una utilidad de $20,000,000, lo que unido á la Ley del níquel, por la que inundaron todo el país con piezas de á cinco centavos, provocó casi una revolución, incidente que redujo la supradicha utilidad á $2,000,000.

Por fortuna el período presidencial tocaba á su término y Porfirio Díaz apareció como el salvador, mientras que González bajó del poder en medio de la vergüenza y de la ignominia, considerado como el “Presidente-Atila”.

Pero en cuanto volvió á tomar Díaz las riendas del gobierno, en su segundo período, no pensó más que en sí mismo, dictando todas las providencias necesarias para impedir que algún competidor pudiese desposeerlo de la Presidencia. Después resolvió eliminar á todos los competidores, y, para el efecto, se erigió en una especie de providencia de la nación, legitimada por la necesidad. Como consecuencia de lo primero, se volvió desconfiado y terrible; como consecuencia de lo segundo, se volvió exclusivista y celoso.[22]

Para poder eliminar á todos sus rivales, uno por uno, era necesario poseer en cuerpo y alma toda la administración de justicia, la policía y el ejército nacional.

Empezó por reemplazar todo el personal de la administración de justicia con servilones manufacturados por él, desde el Ministro del ramo hasta al más ínfimo escribiente. En lugar de los Gobernadores independientes, que antes eran elegidos libremente por el pueblo, impuso hombres suyos, ex-generales, ex-revolucionarios, que aspiraban á la presidencia como medio de enriquecerse. Como gobernadores tenían las mismas oportunidades para el efecto, siendo menor el peligro y sin llamar tanto la atención.

Tan luego como colocó á sus criaturas en todos los puestos de la administración, es decir, de gobernadores, ministros de Estado, senadores, diputados, jefes políticos, comenzó á desgarrar la Constitución, suprimiendo el poder de la prensa, matando la libertad personal por medio de las prisiones arbitrarias, y eliminando lentamente á sus enemigos con la ayuda de “accidentes” y de la famosa “Ley Fuga”.[23]

Pruébase que el gobierno de Díaz era ilegal con el mero hecho de que el Gabinete de Washington se negó á reconocerlo, á causa de su origen revolucionario,[24] y sólo en el año de 1879 lo reconoció formalmente y acreditó un representante en México.[25]

Porfirio Díaz pensó, y no sin razón, que la posesión equivale á las nueve décimas partes de la ley.

Para poder continuar constitucionalmente en la Presidencia, era indispensable reformar la Constitución. Así lo hizo Porfirio Díaz, antes de que terminara su segundo período, y al mandato del señor, sus parásitos en el Congreso establecieron la Presidencia por dos períodos consecutivos.[26]

Pero como esto no bastaba, en el tercer período, obedeciendo el Congreso las órdenes de Díaz, “resolvió el punto definitivamente, aboliendo toda clase de limitaciones”.[27]