Necesitó México de algún tiempo para reponerse de los efectos de esa terrible guerra, así como de los de la Intervención.

Precisamente ese mismo Porfirio Díaz, que hoy es considerado indispensable para la prosperidad del México moderno, entonces, y por espacio de nueve años consecutivos, quebrantó la paz del país é interrumpió el progreso de la nación con sus absurdos planes de regeneración y sus revoluciones criminales.

La primera vía férrea, que fué la de México á Veracruz, se terminó durante la administración de Lerdo de Tejada. En la época de González fué cuando se encauzó hacia México la corriente de capitales americanos. Aquí me limitaré á copiar lo que escribió un autor en 1884:—“Un despertamiento inusitado en la vida del país resultó como primera consecuencia de la construcción de vías férreas.—A la irrupción del dinero americano, siguió la irrupción del hierro.”[30]

“Se están construyendo 20,000 casas en México—y la verdad es que jamás, desde el primer año de vida independiente en México, hasta la fecha, ni cuando llegaron á Santa Ana los millones Yankees en pago de la desmembración del territorio, ni cuando le vino á Maximiliano el dinero de Napoleón III para sostenimiento del ejército francés, se había visto en México tanta prosperidad ni tan halagadora perspectiva de riqueza y bienestar.”[31]

Si Porfirio Díaz es tan indispensable hoy para el bienestar de México, por su probidad y su imparcialidad, ¿por qué no dió pruebas de su honradez en 1880, cuando, en vez de dejar dinero en las arcas nacionales, las dejó completamente exhaustas, siendo un hecho innegable que “Los ingresos nacionales en el año fiscal de 1879-1880 pasaron de $21,000,000?”[32]

Año y medio de honrada administración financiera de parte de Landero y Cos, bastó para proporcionar al tesoro federal un superávit de más de un millón de pesos. El General González no tuvo jamás la pretensión de que su gobierno apareciese ni honorable ni filantrópico, y tan luego como el honrado Ministro de Hacienda dejó la cartera, comenzó la razzia, el saqueo de la tesorería, de la manera más desvergonzada.

Por otro lado, Porfirio Díaz siempre ha conservado la apariencia de un gobierno patriótico y recto, á pesar de lo cual, en su primer período, se colocó en la misma categoría que el General González y su cuadrilla. Sólo después de su tercer período, cuando estuvo seguro de que conservaría la presidencia durante toda su vida, dió cierto aspecto de orden á la Secretaría de Hacienda, con la evidente esperanza de repletar su bolsillo y los de aquellos que formaban su cuadrilla, con toda comodidad.

Los ingresos así como los egresos de la nación aumentaban cada año: “durante el mismo año (1891) la administración del General Díaz gastó íntegro el producto de las rentas federales, que ascendieron á $37,000,000, y $5,000,000 más” según la declaración que hizo Matías Romero ante el Congreso, en 1892.[33] Matías Romero, quien había sido Ministro de México cerca del Gobierno de Washington, durante la Intervención francesa, no puede ser acusado de connivencia con la administración. Lo que hay es que no era un financiero y no sabía hacer juegos de manos con los números, como los hace José Ives Limantour.

Los que resultaron más perjudicados á la postre, fueron el pueblo mexicano y los empleados del gobierno. Estos desdichados no recibieron sus sueldos en dinero contante, hasta que Limantour se encargó del Ministerio de Hacienda. En vez de dinero recibían los empleados certificados de alcances, especie de vales pagaderos á la vista en la Tesorería.

Con uno ú otro pretexto, esos vales no se hacían efectivos hasta que eran vendidos á una casa de judíos alemanes, la de los Scherers, que los compraba al 40 ó 50 %, y los cobraba por su valor íntegro cuando los presentaba al Ministro de Hacienda.