—Pues lo hecho se queda hecho.

—Espero que aquí concluya esta bacanal de sangre.

Según sabemos, el señor Zayas impidió que siguiera la matanza, pues parece que Suárez y Galinié debían seguir á los anteriores.

Amaneció el día 25. Un rumor sordo circulaba en la población. Varias señoras, acompañadas de parvadas de niñitos, andaban por las calles, deteniendo á los transeúntes y preguntándoles por sus deudos.

—¿Qué sabe Vd. de Lorenzo?—preguntaba la esposa de Portilla, medio loca, á todo el que hallaba á su paso, sin que nadie se atreviese á darle la triste nueva.

La esposa de Cueto perdió el juicio, y se teme por su vida; la madre de la víctima se hallaba en Orizaba, en agonía.

La población está de duelo; Terán no se atrevía á salir del cuartel. La población entera se hallaba en las calles adyacentes del cuartel, y fué preciso traer un destacamento de la policía, armado con rifles, para contener á la muchedumbre.

Se nos dice que el Lic. Zayas Enríquez, en nombre de la Masonería, pidió el cadáver de Cueto y el de Capmany, ambos hermanos; pero la fiera sanguinaria, no contento con haberles arrancado la vida, se quería cebar en los muertos, y negó los cadáveres, que fueron enterrados en la fosa común, en un lugar ignorado, conducidos en un carretón, acompañados de la policía.

En la actualidad reside en la ciudad de New York un caballero mexicano, Don Rafael de Zayas Enríquez, que se expatrió voluntariamente de México, á causa de las condiciones políticas del país y de las persecuciones de parte de José Ives Limantour, á quien había combatido en discursos públicos y en la prensa. Este caballero, que es abogado, historiógrafo y escritor de gran talento, vino á New York para poder escribir con libertad sobre las condiciones actuales de México.

Después de un año de labor, concluyó un libro intitulado: “Porfirio Díaz”, que es una revista psicológica y filosófica de la vida del Presidente. Es una crítica hábil y sutil, pero no sincera, pues no dice la verdad. Sólo aquí y allá hace una finta hacia ella, como con un florete, pero solamente juega con el arma, como si tuviese temor. Quizás tiene la aprehensión del peligro, y teme que el largo brazo de Porfirio Díaz le alcance traidoramente, aun en esta tierra de libertad.