Órdenes complementarias se dieron á los Rurales para que cazaran á los que habían logrado ganar el campo, persiguiéndolos hasta las montañas. Pero los Rurales, á quienes se utiliza para toda clase de empresas escabrosas, se negaron á obedecer la orden de fusilar á hombres y mujeres indefensos.

Rosalino Martínez y el Coronel Ruiz dieron entonces la orden de que fusilaran también á los Rurales.

El número de víctimas ascendió de 650 á 700.

En la noche de ese día horripilante, fueron recogidos los cadáveres de los asesinados, hacinándolos en furgones del ferrocarril, y llevados á Veracruz. El maquinista que debía conducir el tren, era un americano, quien se negó rotundamente á desempeñar semejante comisión, por lo que fué necesario buscar otro menos supersticioso, y más conciliador. En Veracruz fueron lanzados al mar los cadáveres, para que sirviesen de pasto á los tiburones, que tanto abundan en la bahía.

Este fué el rasgo final de la más brutal, de la más cobarde y de la más salvaje de cuantas orgías de sangre se registran en los anales de la humanidad. Aquello fué la saturnal insensata del cuchillo, la libidinosa rabia de un déspota impotente, cobarde, viejo y sádico.


La tiranía es un mal, porque es imposible que bajo ella el genio de un pueblo pueda desarrollarse y tener libre acción.

Mazzini.


El Sistema.