Una Mafia Política. Sus Resultados.
Cuando un individuo ó un grupo de individualidades crea un sistema, bien sea político, social ó mercantil, se hace responsable de las consecuencias, buenas ó malas, que se deriven de tal sistema. Porfirio Díaz tiene el constante prurito de los elogios y adulaciones con motivo de la redundante prosperidad de México; pero también pesa sobre su frente cana la responsabilidad de los nefarios efectos de su mafia política, su legalizada mano negra, hijas legítimas de sus cogitaciones poderosas y abstrusas de semblanza política.
Cuando un gobernante ordena á sus vasallos que asesinen conforme á sus disposiciones, ya sean estos gobernadores, jefes políticos, ó simplemente amigos suyos, es de suponerse que la etiqueta profesional lo obliga á cerrar los ojos, ó, al menos, á pestañear, ante las venganzas y delincuencias que éstos cometen por cuenta propia. Los jefes políticos han sido los instrumentos más útiles del gobierno. “El jefe político ha sido el instrumento más cruel del despotismo—del bajo y tenebroso despotismo de la ‘ley fuga’, sin duda alguna el jefe político ha sido en la sociedad mexicana la más aguda de las calamidades públicas”.[38]. Y los gobernadores: “la mayoría, casi la totalidad de nuestros gobernadores es casi cordialmente detestada por los pueblos de las respectivas entidades federales.—Cada uno de esos pueblos haría cualquier sacrificio por deshacerse de su respectivo gobernador.”[39]
Pero no pueden hacerlo, porque cada gobernador es escogido por el Presidente, en recompensa de su fidelidad ó para ofrecerle una dádiva que aplaque su ambición. Algunas veces, pero á la verdad muy raras, estos gobiernan con justicia y legalidad; pero lo más frecuente es que hagan chanchuyos, asesinen, y quebranten los diez mandamientos y todos los códigos penales, con la convicción de que Porfirio Díaz ignorará intencionalmente todos los ultrajes, espoliaciones, injurias é infamias perpetrados por ellos, mientras no hagan política contra Porfirio Díaz.
El General Mucio Martínez es el tipo perfecto del gobernador sin escrúpulos, perverso, incompetente, estúpido y todo poderoso. Mucio Martínez ha sido gobernador del Estado de Puebla durante largos años. Voy á relatar un ejemplo característico de sus métodos de gobierno.
Allá por el año de 1891 era el tema de todas las conversaciones de Puebla, el rapto de dos jovencitas, hijas de un relojero alemán, llamado Weber. La opinión pública señalaba como autor de ese atentado al General Martínez, quien, en virtud de su elevada posición, estaba fuera del alcance de la ley.
Olmos y Contreras, joven periodista de Puebla, se encargó de desgarrar el velo que ocultaba aquel asunto, llamando la atención sobre el hecho de que los responsables de aquel acto de satiriasis eran un alto funcionario del Estado y un caballero mexicano muy rico. El periodista atrajo sobre sí las iras del poderoso gobernador, que esperó la ocasión propicia para vengarse.
Dos esbirros del General Mucio Martínez, (uno de ellos murió asesinado más tarde) recibieron la orden de estar en acecho de Olmos y Contreras y “de darle agua” (término que se usa en México para designar el asesinato oficial) en la primera oportunidad. Una noche Olmos y varios amigos suyos departían amigablemente en una mesa de la cantina “La Mascota”, establecida en la calle de Jarciencia y Portal de Morelos. A la sazón pasó “un amigo” de Olmos y Contreras y al ver á éste, lo llamó aparte y lo invitó para un baile que en la casa de un compadre suyo se efectuaba aquella misma noche, en la calle de Siempreviva. Olmos y Contreras aceptó la invitación; pero, como había tomado más copas de lo regular, sus verdaderos amigos le instaron á que se quedara con ellos.
“El amigo” de Olmos, policía privado del General Martínez, condujo al periodista, en compañía con el otro esbirro comisionado para hacerlo desaparecer; hasta una calle apartada, por la plazuela del Carmen, la que, por rara coincidencia, es la misma en que vivía una mujer amancebada con Mucio Martínez, y en esa casa pasaba muchas noches el sátiro gobernante. Allí “los desconocidos” cogieron por la espalda á Olmos y Contreras, y entre tanto los esbirros de referencia lo sujetaron de los brazos y le apuñalearon de tal modo que aquel infeliz no pudo exhalar ni un grito, ni una queja, ni nada que hubiera atraído un “yo lo vi” que más tarde sirviese para proporcionar brillantes datos para la historia de Puebla.
A la mañana siguiente la concubina de Mucio Martínez se asomó á su balcón y pudo ser testigo del horrible espectáculo que ofrecía Olmos y Contreras, tirado en medio del arroyo, con las ropas ensangrentadas, los ojos desmesuradamente abiertos, y con las manos arañando la tierra, signos evidentes de la tremenda lucha que Olmos sostuvo para desprenderse de sus asesinos.