“El Monitor Republicano” y “El Gil Blas” se ocuparon ampliamente del asesinato de Olmos y Contreras; pero antes de que el gobierno general parara mientes en el asunto, Mucio Martínez mandó á México, con “mucho dinero”, al diputado don Pascual Lima Lara, quien “arregló la cosa”; y la prensa enmudeció.

Para sincerarse ante la opinión pública, Mucio Martínez hizo aparecer como responsable del doble rapto á Don Joaquín Pita, su confidente, quien prometió casarse con una de las raptadas; pero ninguna de ellas aceptó la componenda. Martínez premió la abnegación de Pita nombrándolo visitador de Jefaturas del Estado, y después Jefe político de la ciudad de Puebla, en donde es amo y señor don Mucio Martínez.—Carlos García Teruel es el otro seductor de las jóvenes Weber.

El silencio y la complicidad de Porfirio Díaz le cuesta á Martínez cada dos años entre $30,000 y $50,000.

Refiere un periodista de Puebla que, en 1904, se encontró en la calle á un su amigo, empleado del concesionario del juego, quien le dijo que iba á entregar al gobernador $45,000, importe de una anualidad exclusiva de su juego, con rebaja de $5,000 por hacerse el entero de un solo golpe, pues el gobernador necesitaba enviar $50,000 para asegurar su reelección. Esa suma estaba destinada á Doña Agustina Castelló, viuda de Romero Rubio y suegra del Presidente, como precio convenido de la susodicha reelección; que anteriormente la suma había sido mucho menor; pero que entonces había subido, porque el competidor era el capitán Porfirio Díaz Jr., hijo del Presidente.

Postularon á Porfirito (como generalmente le llaman) en la ciudad de Puebla y en las cabeceras de distritos por medio de cartelones, y se formaron varios clubs en pro de su candidatura, todo esto para subir el precio de la contribución á Mucio Martínez.

Mucio Martínez no es solamente un hombre de pocos alcances, sino también un bribón. Ambas cualidades lo hacen á propósito para un héroe ideal de ópera bufa.

Algunas de las anécdotas que se cuentan sobre la ignorancia de tales gobernadores son verdaderamente despampanantes.

Hace algún tiempo que había un gobernador en Guanajuato, que había oído contar de grandes fortunas realizadas con la cría de gusanos de seda. Después de largas, pero ineficaces, lecturas de tratados sobre el asunto, llegó á la conclusión suprema y ortodoxa de que la morera era cosa esencial para la cría y cultura de los gusanos de seda. Inmediatamente mandó que arrancaran los árboles que adornaban la alameda, y que, en lugar de ellos, plantaran moreras. Estas crecieron y ostentaron su follaje verde esmeralda bajo el cuidado del gobernador, quien había convertido en la parte más importante de su misión oficial, la inspección atenta y amorosa de la bonanza de los tales árboles. Pero un bello día, después de haber examinado escrupulosamente las hojas, volvióse hacia su ayudante, y exclamó mal humorado:—“¡Me han engañado, pues he gastado aquí tiempo y dinero en estas plantas de moras, y hasta ahora no ha aparecido ni un solo gusano!”—¡Y pensar que este hombre era uno de los rivales de Porfirio Díaz!

El poder de un gobernador raya en lo supremo en su Estado; Porfirio Díaz es el Czar de México, y sus gobernadores los Grandes Duques.

“Cada uno de nuestros gobernantes sueña, delira con ser en la esfera del gobierno local, un pequeño General Díaz. De ahí su grotesco empeño de imitar al modelo. Gobernador hay que se baña diariamente á las cinco de la madrugada, porque sabe, ó cree saber, que el General Díaz practica otro tanto, é imagina que la entidad moral del Presidente radica toda ella en la ablución.”[40]