Con buen tiempo todos podemos ser pilotos.

Bacon.


Los Partidos Políticos.

Al decir “partidos políticos” uso de una palabra convencional, puesto que en México, como fácilmente se comprende, no existen ni pueden existir partidos políticos, desde el momento en que por más de treinta años ha estado gobernado por un mismo individuo como señor absoluto. Para que existan partidos políticos es indispensable la concurrencia de la opinión pública, y, como lo he probado ya, ésta fué ahogada por Porfirio Díaz desde los comienzos de su carrera política.

Durante muchos años la sociedad mexicana estuvo dividida en dos partidos opuestos, á saber: el reaccionario, encabezado por el clero y sostenido por el ejército, así como por los españoles y los que tenían pretensiones á la nobleza; y el liberal, republicano y con tendencias revolucionarias, representado por los hombres más talentosos del país, en el que estaba afiliada la clase media, la que allí, como en todas partes, era la de mayores energías y más altos ideales.

El partido reaccionario, después de haber sido derrotado por Benito Juárez en la sangrienta guerra llamada de “los tres años” (1857-60) fué el que llevó á México la Intervención francesa y el funesto ensayo del Imperio, el que concluyó con el fusilamiento de Maximiliano de Austria. Con la muerte del Emperador y de sus dos capitanes más prominentes, el partido reaccionario quedó vencido y desorganizado; pero el clero quedó en pie y tuvo buen cuidado de mantener el fuego bajo las cenizas, y en el silencio del misterio se dedicó á adquirir de nuevo sus cuantiosos bienes y á reconstituirse, sin tomar parte activa en la política, pero preparándose cautelosamente á fin de ser un factor poderoso cuando llegue la ocasión, esto es, cuando muera Porfirio Díaz.

El partido liberal se desorganizó después del triunfo del General Díaz, quien tuvo el cuidado de irlo debilitando, sin matarlo por completo, porque podría necesitarlo para contrarrestar los ímpetus del reaccionario en caso de que éste se atreviese á entrar en acción.

Los hombres prominentes del antiguo partido liberal fueron desapareciendo, bien por muerte natural, bien por medio del asesinato, como lo he demostrado; y los que sobreviven se encuentran en lamentable estado de decrepitud física y moral. Los generales Corona, García de la Cadena, Mejía, Régules, Escobedo, Juan N. Méndez, y todos aquellos que figuraron en las campañas contra la reacción y el Imperio, murieron ya. Los apóstoles de la libertad, Ignacio Ramírez, Ignacio M. Altamirano, Guillermo Prieto, Riva Palacio, Zamacona, José M. Iglesias, Ignacio Vallarta, etc., han fallecido durante el largo reinado de Porfirio Díaz. Quedan sólo dos individuos: Ignacio Mariscal y Félix Romero, momificado el uno en el Ministerio de Relaciones y el otro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ambos son honorables y no tienen más defecto que el de haberse dejado engañar por el Gran Mistificador.

El partido clerical conserva y aumenta su influencia por medio de la prensa, pues sostiene buenos periódicos en la capital y en los Estados, mientras que el partido liberal ha perdido su representación en la prensa, pues unos se han vendido á Porfirio Díaz y otros se han visto obligados á suspender la publicación de sus periódicos con motivo de las persecuciones del gobierno. El único periódico que sobrevive es “El Diario del Hogar”, arrastrando una existencia llena de tribulaciones y de ansiedades, habiendo sufrido su director y propietario, Filomeno Mata, varios ingresos en la cárcel.