El incidente que paso á relatar dará un ejemplo de los medios insidiosos y traidores de que se valen los clericales para suprimir la oposición liberal.—En 1901 un sacerdote llamado Joaquín Pérez, que contaba 50 años de edad, escribió á Monseñor Averardi, Delegado Apostólico, una carta solicitando la reducción de la tarifa para la administración de los sacramentos. Esa petición estaba subscrita por millares de católicos. Averardi le contestó diplomáticamente que consultaría el caso con el Papa. Pero en lugar de hacerlo así, dió una comida privada á Mucio Martínez, gobernador de Puebla, y convenció á éste de que Pérez estaba fraguando una conspiración política. El gobernador dió la orden de que el infortunado sacerdote fuese asaltado de noche en su parroquia de Atlixco, golpeado y metido en la cárcel. Le confiscaron todas sus propiedades y sus muebles y lo tuvieron encerrado durante catorce meses, padeciendo de reumatismo. Casualmente, y gracias á los esfuerzos de su hermana, quien solicitó y obtuvo la intervención de su tío Ignacio Mariscal, logró verse en libertad.

Mucho se ha dicho respecto del “partido científico”; pero la verdad es que éste no ha existido jamás, al menos como verdadero partido, y lo más propio sería considerar á este grupo de especuladores políticos constituido para explotar á la nación como “Chanchuyero científico”.

El tal grupo está capitaneado por José Ives Limantour, el Ministro de Hacienda, colaborador, socio y cómplice de Porfirio Díaz en todo negocio podrido. Dicho grupo está formado por economistas improvisados que plagian á Leroy Beaulieu y á Augusto Comte de la manera más desvergonzada. Los más virulentos de los representantes del grupo son Carlos Díaz Dufoo y Manuel Flórez. Los directores visibles de este trust de todos los negocios de México, son Sebastián Camacho, Pablo Macedo, Miguel Macedo, Joaquín D. Casasús, Pimentel y Fagoaga, José Castellot, y cuatro ó cinco más, todos ellos inteligentes, quizás demasiado inteligentes, quienes forman una especie de muralla china al rededor del Ministerio de Hacienda, que es su Pactolo, á fin de impedir que otros se puedan bañar en las aguas de oro. Son abogados, banqueros y periodistas, y ningún negocio de importancia puede prosperar con el gobierno, ni en la prensa, ni en los tribunales sino es patrocinado por los acaudalados de la oligarquía.

Este grupo, ensoberbecido por el buen éxito, pretendió elevar á la presidencia á su jefe Limantour, no por consideraciones políticas, sino por conveniencia mercantil, para poder continuar de un modo indefinido y en mayor escala su obra de espoliación.

He aquí la parte interna de la historia de cómo perdió Limantour la vicepresidencia, á causa de una indiscreción cometida en un “five o’clock tea”. Los miembros del grupo “científico” habían convencido al Presidente Díaz de la conveniencia política de hacer una visita á los Estados Unidos y á Europa, como la que verificó el General Grant; viaje que no sólo serviría para ensanchar el prestigio de la nación, al ser anunciado el nombre de su Presidente por el mundo entero, sino que serviría también para patentizar que Porfirio Díaz podía dejar á México en paz con Limantour de vicepresidente.

Díaz se encontraba seguro por lo que á Limantour respecta, pues pensaba dejar al General Reyes en el Ministerio de la Guerra, como un contrapeso en la balanza de la política. Pero Limantour confió el secreto á su esposa, la que, en su alegría, no pudo resistir al deseo de hacer la confidencia á algunas de sus amigas de que “el próximo five o’clock tea les sería ofrecido en el Castillo de Chapultepec”.

Las que oyeron la confidencia, fueron á todo correr á llevar el soplo á Carmelita Díaz, la esposa del Presidente. Carmelita, como generalmente la llaman los mexicanos, sintió altamente ofendida su dignidad y su vanidad de reina de México, y en vez de quejarse con el Presidente, tomó el más hábil de los partidos. Llamó á Teodoro Dehesa, Gobernador de Veracruz y uno de los mejores amigos de Porfirio Díaz, y le contó el incidente, añadiendo, por vía de reflexión, “que si esas gentes obraban con tanta arrogancia cuando todavía se encontraban sometidas á la subordinación, ¿á dónde llegarían cuando Porfirio se encontrase fuera del país?” Suplicó á Dehesa que tomara cartas en el asunto en favor de ella y en favor de Porfirio.

Dehesa cumplió con su cometido con tanta habilidad que llegó á convencer al Presidente de su error, y Porfirio le ordenó que se apersonase con Limantour y le arrancase un documento en que lo relevase de su compromiso.

Por largo tiempo figuró como uno de los tenientes del “grupo científico” un tal Rosendo Pineda, del que hablaré un poco después.

En contraposición con este grupo se encontraba el partido “reyista”, el que llegó á su apogeo cuando su jefe, el General Bernardo Reyes, se encargó de la cartera de la Guerra.