—Sí, Julio debe tener sus asuntos; pero es tan reservado, tan raro, que nadie puede sacarle nada. La festejó un tiempo a Elisa Jiménez.
Esta era una muchacha muy bonita, emparentada con las Aliaga, aunque casi no tenían con ella relación de amistad.
—¿Elisa Jiménez? No es muchacha para enamorar a Julio—repuso Laura casi en voz baja y como distraída.
—O entonces alguna señora casada—sugirió Carmen, mirando de nuevo con aquella expresión sonriente y confusa a su hermana mayor.
—¡Camucha!—le gritó ésta.
—Tal vez—continuó Carmen—está enamorado de alguna de nosotras... Un mozo no viene tan seguido a una casa si no tiene interés... Después yo he notado...
Pronunció con ligera ironía estas palabras y se detuvo un instante, mirando a Laura con malicia.
Como Adriana advirtió que Laura iba a intervenir, acaso para desviar la conversación, le tomó rápidamente las manos: "Óyeme, óyeme,—murmuró—te preguntaré una cosa". Pero no tenía idea de preguntarle nada y sólo, sí, el propósito de impedir que se interrumpieran las revelaciones de Carmen.
—Porque cuando habla con Laura tiene un modito de mirarla...
—Cuando habla contigo también—replicó Laura—Julio siempre mira así.