—¿Por la noche? ¿Y dónde quieres verlo de noche?

—En el teatro, Charito. Ha empezado la temporada de ópera y tú sabes que voy, en las noches del primer turno, con Raquel y Fernando. Julio va a la platea para verme, pero naturalmente apenas hay oportunidad de hablar. Además, puedo encontrarme con Muñoz y esto sería desagradable. Yo pienso ceder mi butaca a Fernando para que él invite a otro amigo, o puedo dártela a ti...

—¡Pero si yo estoy muy bien en el palco nuestro!

—Para que tú la regales, Charito. No me interrumpas. Ya verás que te pido un pequeño sacrificio... Como de todos modos no coincide el turno tuyo y el mío, quisiera que tú, alguna vez, me acompañaras a la cazuela.

—¿Pero con qué objeto? ¿Qué haremos las dos en la cazuela?

—Para hablar más libremente con Julio.

—¡Estás loca! ¡A la cazuela no pueden ir los hombres!

—Si me interrumpes a cada rato será imposible explicarte. En el piso de la cazuela hay una confitería, y a esta confitería pueden entrar los hombres.

—¡Ah, y tú quisieras...!

—Déjame concluir, Charito. Iríamos juntas tú, Lucía Moreno y yo. Julio se acercaría como un amigo común...