—Pero Laura no es la única que puede inspirar amor... Imagínate: ¡ahora me festeja a mí!
—¡Te festeja a ti!
—Sí; Laura ya no le interesa... ¿Pero por qué te pones triste?
—¡Oh, no, no! Y Adriana le tomó las manos, procurando también reír.
—Los muchachos como José Luis—prosiguió Carmen—sirven para distraerle a una la pena del gran amor que nos hace falta. Es muy posible que venga hoy.
Hablando así la llevó a su cuarto. Se miró en un espejo, atentamente, y con la punta del peine hizo caer sobre la blancura mate de su frente una ligera mecha del fino cabello dorado. Se puso después un poco de rojo en las mejillas y humedeció sus labios con agua de rosa.
—¿Ves como estoy así más linda? No creas que tengo costumbre de pintarme; solamente me pinto cuando estoy demasiado pálida, como hoy, por una razón estética. No hago más que igualarme, igualar mi cara a la que tengo los demás días. Volviendo a José Luis, yo no pienso hacerle caso. Pero me hace mucha gracia oírle decir aquellas mismas cosas que en otro tiempo eran para Laura. No ha cambiado de vocabulario. Tiene todo un catálogo de galanterías preciosas. Pero verás. Ayer nos habíamos quedado solos. Empezaron las palabras dulces. De repente le interrumpo:—No, no quiero que me diga "eso". Se quedó él asombrado.—¿Por qué, Carmencita?—Porque "eso", textualmente, ya se lo escribió usted a Laura en una carta hace años. Se puso todo colorado. Un poco de caso le estoy haciendo, claro está. Pero no creas que Laura se ha resentido. Al contrario, me estimula. ¿Sabes que ahora tampoco la comprendo a Laura? Algo raro debe pasarle. Creo que a José Luis le tiene desprecio. Y está delgadísima, la pobre. Hoy llamamos al doctor Castro Fernández. Nos dijo que la anemia se agrava y que conviene llevarla al campo, en cuanto empiece la primavera.
Adriana sintió que el corazón se le oprimía.
—Ah, ¡cómo has podido reírte así!—murmuró casi sin voz.
Carmen también se entristeció. Pero pronto, animándose de nuevo:—Laura y Zoraida están ahora arriba con abuelita. Vamos nosotras al cuarto de Laura. La vi escribiendo hoy por más de una hora, en su diario. Puede ser que hallemos la llave del armario... ¿Comprendes?