Luego se reanudaba, según la fecha, siete años más tarde.

"5 de junio de 19...

"¿Podría asegurarse que la intervención de Zoraida ha sido realmente un mal para mí? José Luis no brilla en mi recuerdo con el prestigio de antes. ¿Volvería a quererle, si las circunstancias lo trajeran otra vez aquí? No lo creo. Aquello ha muerto para siempre. Más todavía: muchas veces cuando releo las dos cartas suyas que no quise devolverle, y cuando ahora pienso en su cariño y en las cosas que decía, me cuesta trabajo concebir cómo él pudo llegar a trastornarme tanto. Hay alguna espontaneidad, alguna frase sentida entre otras muchas vulgares y de mal gusto, tontamente literarias..."

—¡Oh! ¡Y a mí que me parecían divinas!—exclamó Carmen. ¿Estaría yo enamorada, también?

—Cállate, Camucha, no tenemos tiempo de conversar ahora. Hagamos los comentarios después.

Continuaron leyendo:

"Sí, acaso debo más bien agradecerle a Zoraida lo que hizo entonces. Acaso... No puedo saberlo todavía. El porvenir vuelve a espantarme".

Seguían muchas páginas referentes a un período de indecisión, reflexiones escritas sin la sospecha siquiera de que otros ojos que los suyos pudieran leerlas nunca; el alma de Laura asomaba por ellas con toda su gracia interior, como una vestal que descubriera sus hechizos a la luna. Adriana las leía con encanto, sus ojos y sus labios sonreían. Pero pronto le volvió la inquietud. Laura contaba sus impresiones de Julio.

"12 de noviembre.

"Julio se quedó anoche hasta muy tarde. Retraídas como vivimos, su compañía nos resulta inapreciable. Es un amigo leal. En realidad, no creo que puedan encontrarse fácilmente muchachos así. Lo digo pensando en los mismos parientes nuestros, aunque sólo de tarde en tarde nos tratamos con alguno, y por los amigos que suele traer Eduardo. Hay en ellos no sé qué de superficial o de incomprensivo. ¿Cómo diré? Aunque sean inteligentes, carecen como quiera que sea de suficiente tacto espiritual".