Gonz.

Métanse ustedes ahí. Les suplico un silencio absoluto. (Al Criado.) Que pase ese señor. (Se meten los tres detrás de las cortinas de la ventana de modo que al entrar el visitante no los vea.) Un silencio absoluto vean lo que vean y oigan lo que oigan.

Tito

(Desde la puerta.) ¿Da usted su permiso, queridísimo don Gonzalo?

Gonz.

Adelante.

Tito

Perdone usted, mi predilecto y cordial amigo, que venga a molestarle, pero... altos dictados de caballerosidad que los hombres de honor no podemos desatender me impelen a esta lamentable visita.

Gonz.

Tome asiento y dígame lo que guste. (Se sientan.)