Gonz.
(Se levanta y clavándole los ojos se dirige a él. Guiloya retrocede aterrado. Al fin le coge la mano.) Y más vale que así sea.
Tito
Don Gonzalo, por Dios, que yo venía aquí...
Gonz.
Usted venía aquí a lo que va a todas partes; a escarnecer a las personas honradas, a burlar a aquellos infelices que por achaques de la vida o ingratitudes de la naturaleza considera víctimas inofensivas de su cinismo.
Tito
(Aterrado.) ¿Yo?...
Gonz.
¡Usted!... Y por eso, creyéndonos dos viejos ridículos, ha cogido usted el corazón de mi hermana y el mío y los ha paseado por la ciudad entre la rechifla de la gente como un despojo, como un airón de mofa.