ESCENA V

PEPE OJEDA y ALFREDO, primera derecha.

Alfredo

¡Bueno, tío, tenemos unas alcobas que estupefaccionan!... ¡Qué camas!... ¡Cinco mantas en cada una!

Pepe

¡Caracoles!... ¡Cinco mantas!... Oye, ¿no será una ironía alusiva a la frescura de que nos consideran poseídos?

Alfredo

Hombre, no lo creo. ¿Y usted ha sacado algo en limpio de esa señora...?

Pepe

Absolutamente nada. Sigo agitándome en el caos, Alfredo. He tratado de sonsacarla con cierta habilidad y lo único que me ha dicho de un modo concreto es que si ella sabe quiénes somos, esta mañana no nos da escabeche. De lo que he deducido que nos suponen dos personas a las que no se las puede escabechar, y esto ya es un buen síntoma.