Muchísimo, sí señora.
Eduarda
Era tierno, blanco, suave, apasionado, donjuanesco, arrogante... y para colmo, me dijo que era militar.
Cristina
¿Pero todo eso sería antes de casarse usted con el señor Blanco?
Eduarda
Ah, claro, hija, eso fue mucho antes de que yo pusiera los ojos en Blanco. ¡Tú no puedes imaginarte cómo idolatré a Rigoberto! ¡Aquello era la enajenación, el arrebato, el traumatismo! ¡Yo también tengo mi noche de luna, mis promesas ardientes murmuradas en un jardín solitario!... Yo también gusté la miel de un beso furtivo... ¡Ah, Cristina!
Cristina
¡También!
Eduarda