Carretero (Se levanta rápidamente, coge el látigo que habrá dejado apoyado en la pared y echa a correr con el paño puesto y la cara llena de jabón.)—¡Siooó, mula! (Se oyen trallazos.) ¡Machooó!... ¡Perro! ¡Maldita sea tu casta, ladrona! (Se oye ruido de colleras.) ¡Siooó! ¡Mala sangre! ¡Asesinooó! (Vuelve y deja el látigo) ¡Amos, hombre; esa perra, ca vez que la engancho en varas, m’atolondra el macho!

Pinturas.—¿Es coqueta?

Carretero.—¡Burro! (A Pinturas.) (No es a ti.) (Alto.) ¿Tú también? ¡ay, si güelvo, si güelvo! (A Pinturas.) Afaita.

Pinturas (Afeitando.)—¿Y qué, ha visto usté cómo anda eso de la política?

Carretero.—¡Política! Quita, hombre, a mí tóo lo que no sea la República ¡agua limón! (Metodio se vuelve y le mira.) Y vengan palos, y cortar caezas, y colgar gente rica. (Metodio vuelve a mirarle.)

Pinturas.—Sí, vamos, usté tira a la demagogogía.

Carretero.—¡Natural! ¡Y ajuera ladrones, y abajo los empleaos, y a destripar guindillas! Créeme a mí.

Metodio (Con la cara llena de jabón.)—¡Oiga usté, mi amigo!

Carretero (Con la cara llena de jabón, también.)—¿Qué pasa?

Metodio.—Que como siga usté rebuznando a ese tenor, le acabamos a usté de afeitar en la Delegación.