Carretero.—¿D’ande ha salío esa voz aflautada?
Metodio.—De Metodio Lagunilla, agente de primera afezto a la Zona norte.
Carretero.—Pus pa otro día se afeita usté con kepis, porque así enjabonao no se le nota a usté la autoridaz.
Metodio.—Se usan gafas.
Carretero.—Se usan narices postizas. Acaba, chico. (Por lo bajo.) ¡Nos ha matao el tío guinda éste!
Metodio (A Régulo.)—¿Y que tenga uno que aguantar esto?
Régulo.—No haga usté caso, señor Metodio, en estos salones hay que oir toa clase de ditirambos.
Pinturas (Acabando con el carretero.)—Pa servir a usté.
Carretero (Levantándose.)—¡Está esto güeno! (Mira al guardia con ira, mientras saca de la faja una bolsa de cuero y deslía el cordón que la cierra.) ¡Te digo que si uno no mirara!... ¡Así degollasen a la!... ¡Lástima de!... ¿Qué se debe?
Pinturas.—Quince céntimos.