Carretero.—¡Maldita siá! (Dando los quince céntimos.) En paz. (Liando la bolsa y guardándola.) ¡Y luego que si libertá, y si pimientos morrones! (Coge el látigo, se acerca a la pared y en vez de descolgar su boina coge la teresiana de un manotón.) ¡Miá tú a mí el esbirro éste!

Metodio.—¿Eh? que ha cogido usté mi teresiana.

Carretero (Soltándola encima de la mesa.)—¡Rediezla, pues eso me faltaba, irme con tonterías en la caeza! ¡Me caso hasta en!... (Dando trallazos y voces.) ¡Riá, Coronela! ¡Huesque! ¡Ladrona! ¡Granaíto! ¡Ay, qué macho, qué macho! ¡Mala sangre! ¡Arreeé! (Se oye alejarse el carro y se oyen las voces del Carretero que se pierden a lo lejos.)

Régulo (Acabando.)—Servidor, señor Metodio.

Metodio.—Bueno, ¿y qué haces cuando te tropiezas con un devocionario de esos?

Régulo.—Hacer la vista gruesa, es lo que coge.

Metodio.—Hay que tener más pacencia... (Vase foro izquierda. El señor Régulo vase con Pinturas a la barbería. Durante la escena anterior, se han marchado la Quintina, Vecina 1.ª y la Niña, y luego Liborio, quedando sólo la señá Rosa.)

ESCENA IV

Señá Rosa y el Señor Balbino

(El señor Balbino, es un tipo de verdulero ambulante; sale por la izquierda con un borriquillo que lleva un serón cargado de frutas y hortalizas.)