Manfredo.—Natural. (Deja el gimnasta apoyado en la tapia de la taberna y se sientan.) ¿Y tú qué haces por estos barrios?
Balbino.—Pues náa, chico, que ahora comemos aquí.
Manfredo.—¿Sus habéis mudao?
Balbino.—Arganzuela, decisiete. Hace un mes escaso.
Manfredo.—¿Y tu vástaga?
Balbino.—Dedicá a su comercio. Ya no tardará.
Manfredo.—¿Y tu sobrino?
Balbino.—¿Quién, Serafín? No sé de él.
Manfredo.—¡Repringue! pero, ¿no vive con vosotros?
Balbino.—Hace dos meses. Nos la jugó de puño.