Balbino.—¡Pa echar utomóvil! Vaya, voy a avisar que nos calen la sopa. (Vase a la taberna.)
Lucila.—Sí, que traigo gazuza, padre.
ESCENA VII
Lucila, Manfredo. Luego Balbino.
Manfredo (Aparte.)—¡A ver si se me franquea! (Hace señas de inteligencia a Balbino, que se asoma con disimulo tras la puerta de la taberna. Alto a Lucila.) Oye, ya m’ha dicho tu padre que sus habéis mudao.
Lucila.—Sí, señor, en la cae la Arganzuela. Tenemos un chalete lujosísimo, con vistas a la mar... a la mar de solares.
Manfredo.—Ya iré a veros.
Lucila.—Pues vaya usté pronto, que está la escalera pa caerse. ¿Y l’habrá dicho a usté también que Serafín nos hizo rabona, eh?
Manfredo.—Eso m’ha contao. Y que se fué con una tal Carmen.
Lucila (Con tristeza.)—Sí, señor. Mañana precisamente hace dos meses, mire usté.