Ladislao.—Piensa que esa mujer te ha tomao de pito en tales términos... que te puede utilizar un sereno impugnemente; y piensa que por su culpa estás siendo el hazme de reir de la sociedad.
Serafín.—Lo he pensao tóo, y que no me quiera y me deje por otro es lo que me importa. Lo demás, ¡a mí qué!
Ladislao (Furioso.)—¿Cómo que a ti qué?... ¿Y el honor?... ¿Y la guapeza de un hombre tirá por los suelos?... ¿Y la befa social?... ¿Son fruslerías? Ten denidaz.
Serafín.—¡Lo que tengo es que no puedo vivir sin ella, y hay que arreglarlo sea como sea!
Ladislao.—Por la tremenda. Créeme a mí. La mujer es un ser fútil y veleta que compará con nosotros no vale el pan que come. Ahora tú procede.
Serafín.—¡Chist! ¡Cállate! Ya viene.
Ladislao.—Pues ahí estoy. A ver esas agallitas. (Se oculta junto a la barbería.)
ESCENA IX
Serafín y Carmen
Carmen sale por la derecha y va a seguir y marcharse por la izquierda hasta que la detiene Serafín.