Dueño.—En seguida. (Vase al merendero.)

Valeriano.—Y ahora cuando la traigan, se lava usted el carrillo con un poco de agua fresca; es mejor que el árnica.

Serafín.—No, si no tengo náa.

Valeriano.—Bueno, hombre, pero por si se infla espontaniamente. (El dueño sirve el vino y el botijo y vase.) Beba usté. (Ofreciendo un vaso de vino a Serafín. Beben unos sorbos.)

Serafín.—Gracias.

Valeriano.—Y ahora, joven, aquí de sobremesa y antes de separarnos, quiero darle a usté como compensación de los mamporros, cuatro consejos.

Serafín.—Usté dirá.

Valeriano (Bebe un trago.)—Discreto pollo: es usté un chavalillo inesperto con el atolondro propio de la juventú y debe usté apuntarse esta máxima pa el resto de su vida: La mujer, es como un sorbete, cuando se toma con mucho calor hace daño. Tóquese usté las narices y me dará la razón; y crea usté a un zorro viejo: no desafíe usté a nadie sin motivo, porque acalorao no mira usté el rótulo y, creyendo meterse en una confitería, a lo mejor le resulta a usté una tahona. Llueven las tortas. Y no canso más. Respective a lo de la Carmen, no sea usté niño. Yo, como ca quisque, poseo el espejuelo de mis atraztivos y lo manejo con la contumelia propia de una pestaña experimentada. ¿Que cae una alondra? No la voy a hacer ascos por miramientos al cazador vecino. Sería majadero. (Se levanta.) Conque cuatro cosas en total, joven; pacencia, serenidaz, agua fresca y... pague usté esas dos copas, que no lo voy yo a poner todo. Y venga esa mano. Sé que se queda usté amargao por dentro y por fuera; pero así he aprendido yo, y como el tiempo desinfla y tranquiliza, cuando pasen algunos días, pué que no tenga usté una mano más amiga que la que hoy le ha hecho a usté daño, bien a su pesar. Salú. (Vase por la izquierda.)

ESCENA III

Serafín; luego Ladislao. El Dueño del merendero durante la escena.