Serafín (Separándose dominado por una gran excitación.)—¡Sí! ¡No tengo cara pa vivir mal mirao! Ahora irá ese tío, lo contará todo y se reirán de mí... Y se reirá ella... ¡ella más que nadie! Y luego, por donde voy, la burla y la chirigota... ¡No, no lo resisto; ella me ha engañao, pues contra ella! ¡La mataré! ¡Tengo derecho! ¡Hay que ser hombres! Adiós, Ladislao; voy a dar gusto a todos, a ti y a mí, y a los compañeros de taller y a las vecinas y al mundo entero.
Ladislao.—Pero, ¿qué dices?
Serafín.—¡Adiós! (Vase por la izquierda.)
Ladislao.—Oye, tú, y de paso dile a tu tío Balbino, que ya lo cogeré yo a solas, que lo de esta mañana no me s’ha olvidao. (Se sienta y da dos palmadas.) ¡Merenderero!
ESCENA IV
Ladislao y Balbino
Balbino (Que sale por la derecha, se acerca a la mesa.)—¡Va!
Ladislao (Sorprendido y temeroso.)—¡Caray!
Balbino.—¿Qué desea el gorrión?
Ladislao.—¿Usté? ¡Hombre, m’alegro! (Levantándose, al mismo tiempo se sienta Balbino.)