Riberas del Manzanares. En los laterales izquierda, últimos términos, se ve la fachada posterior de un restaurant, y un trozo de jardinillo correspondiente a él y circundado por una empalizada de listones unidos en forma de celosía. Esta valla que constituye un ángulo recto, tiene un pequeño portoncillo, practicable, que da a la escena en línea paralela a la casa. Por las ventanas abiertas del merendero sale la viva claridad de la luz eléctrica. En el telón de fondo se ven los pinares de la Florida, y en la parte derecha de la decoración un poético remanso del río, iluminado por la luna, que luce su claridad entre las copas de viejos álamos. Un puentecillo rústico da por el foro, paso sobre el río.—Sobre la orquesta se oye muy lejos la marcha de un tren, que pasa por la vía férrea próxima al lugar de la acción; las levísimas campanadas de un reloj muy lejano y los perdidos ecos de la canción de un viandante. Escúchase también el ladrido, casi imperceptible, de un perro de los que acompañan a los vigilantes de los lavaderos, y contrastando con estas perdidas notas de soledad y misterio se escucha dentro del merendero el rasgueo alegre de las guitarras y la vibrante voz de un cantador de flamenco, que es jaleado con ruidoso entusiasmo.

ESCENA PRIMERA

Cantador, dentro

Música

Es la penita más grande

querer y que no te quieran,

quien quiere sin esperanza

conoce la pena negra.

Ay, serrana mía,

por quererte a ti de veras