conozco yo esa penita.
ESCENA II
Lucila. Sale por la izquierda, primer término, envuelta en un mantoncillo; se para junto a la empalizada y escucha las últimas notas de la canción flamenca, que termina con voces y aplausos, reinando luego el silencio.
Hablado
Lucila (Admirada.)—¡Buena voz! Paece un mixto de verderón. Debe ser Pepe el Trampas. Náa, que no he marrao. Aquí está la boda del Guitarrero. ¡Jesús divino, qué día llevo! Dende la ensalá que armé esta mañana lo estoy pasando de ole. Primero cuatro horas en la delega por haberle deteriorao el crepé a la Señá Antonia; así de que salgo, dejo a mi padre, me voy a cá la señá Quintina a ver qué había sido de Serafín, y me cuenta la pobre vieja, toa azará, que a las siete había llegao el susodicho joven con la cara como una pandereta, después de haber corrido tóo el barrio averiguando en qué merendero estaban celebrando la toma de dichos; y así de que llegó a casa escribió una carta, le dijo a la señá Quintina que se la llevase a su maestro si a las once de la noche no había vuelto, y apretó a correr. No se necesita ser un lince pa calcular las tripitas que traerá. Y yo, yo estoy que me deshago de nerviosa; tengo frío y calor tóo a un tiempo, y me saltan las sienes. ¡Ojalá dé con él! Rondaré el merendero... (De pronto queda escuchando.) ¡Sí!... (Mira con atención.) Uno se acerca. ¿Será él? (Se oculta por la izquierda.)
ESCENA III
Lucila, oculta; Serafín. Después Carmen, señor Valeriano, Invitado 1.º e Invitada 1.ª
Serafín (Apoyándose angustiado en la empalizada.)—¡No me puedo tener en pie! Tengo el sudor helao y la boca amarga como una retama. Llevo dos horas esperando una ocasión, sin saber si entrar de repente u aguardar que salgan. Aguardaré: es más seguro. He querido irme cien veces, he probao y no puedo; cuando me separo de aquí paece que hasta las piedras me llaman gallina... Y en toas partes oigo lo mismo... las mismas palabras, que ya se me han agarrao al corazón. ¡Te ha engañao! ¡Mátala! ¡Tiés derecho!... Y yo no sé; no sé si tengo derecho u no, lo que digo es que me ciega la idea de que está con otro. Y así no puedo vivir. Sí. Esta noche acabará todo. (Se oyen voces dentro del merendero.) Salen... ¡Que no me vean! ¡Si fuera ella! (Se oculta tras la empalizada.)
Carmen (Dentro del jardinillo y como hablando con alguno del merendero.)—¡Ja, ja, ja! (Ríe.) No, si no tardamos.
Serafín.—¡Ella! ¡Por fin! (Saca la navaja.)