Lucila.—Tóos los días.
Serafín.—¿Con palabras?
Lucila.—¡Qué palabras! Lo que no dicen los ojos al mirar y las acciones buenas, ¿cómo lo van a decir los labios? Y ese hombre, no ha reparao en ello ni pa agradecérmelo. Y yo callando y sufriendo le he visto irse con otra. Llorar y reir por ella; y en mis ratos de desesperación lo he pensao tóo, tóo... ¡Menos matarlo!... porque él no tenía la culpa. El cariño lo escoge el corazón libremente y se quiere lo que se quiere, bueno o malo, sin saber por qué. Y por amor, Serafín, se sufre, como yo he sufrido; se llora, como yo lloro... ¡pero no se mata! (Llora.) ¡No se mata!
Serafín.—¡Lucila!
ESCENA V
Dichos, señor Balbino; luego Valeriano y Carmen
Balbino (Saliendo y poniendo la mano en el hombro de Serafín.)—Y sabes...
Serafín (Sorprendido.)—¡Tío Balbino!
Lucila.—¡Padre!
Balbino.—¿Y sabes quién es el sujeto que ha matao la alegría de esa creatura?