Pepe.—¡Ya estamos aquí! (Entran corriendo y muy alegres.)

Prudencio.—¡Pasar... pasar!

Polinio.—¿No está tu mujer?

Prudencio.—No. ¡Os anhelaba, como el hambriento a una fuente!

Pepe.—¡Será el sediento, hombre!...

Prudencio.—Yo me refería a una fuente de chuletas. ¿Qué hay? (Con impaciencia.)

Polinio (Con alegría.)—¡Hecho el negocio!

Prudencio (En el colmo de la satisfacción.)—¿Hecho?... ¡Venga un abrazo, y cuarenta, y ciento! (Se abrazan efusivamente.)

Pepe.—¡Aprieta! ¡Ya eres feliz!

Prudencio.—¿No han puesto dificultad?