Prudencio.—¡Oye, qué gracia! ¿Habéis oído? ¡Clarinete!

Casildo (A Prudencio. Secamente y sin mirarle.)—La petaca.

Prudencio (Dándosela.)—Toma, hijo mío.

Casildo (La vacía, se guarda los cigarros y la tira con desprecio sobre el velador.)—Cerillas.

Prudencio (Le da una caja.)—¡Ahí van!

Casildo (Se guarda la caja.)—¡Que no me se despierte hasta que yo avise! (Saluda con la mano y se va contoneándose primera izquierda.)

Prudencio (Siguiéndole hasta la puerta.)—No tengas miedo. ¡Ah, oye! Ciérrate por dentro, no te sorprenda tu mamá en el primer sueño.

Polinio.—¿Por qué le dices eso?

Prudencio (Sonriendo.)—¡Por na! ¡Que anoche se le llevó un mantón a su madre y se conoce que lo ha empeñao!

Pepe.—¡Angelito! ¡Qué monada de criatura! (Riendo.)