Prudencio.—Ponte a la puerta, y si viene la señá Feliciana nos avisas, no sea que nos sorprenda.
Acacio.—Güeno. (Vase a la puerta a vigilar.)
Prudencio (Yendo a la puerta primera izquierda y llamando.)—¡Antoñita!... ¡Antoñita!
Antoñita (Dentro.)—¿Mande usté?
Prudencio.—Sal un momento, haz el favor.
Antoñita.—Voy.
Prudencio.—Ya está aquí. ¡Veréis qué prodigio!
ESCENA IV
Dichos y Antoñita, primera izquierda. Antoñita es una chiquilla como de diez y seis años, con cara abobada y pretendiendo suplir con una verbosidad ridícula la gracia de que carece. Al salir, ligera y sonriente, hace una reverencia.
Antoñita.—Servidora de ustedes. Muy buenos días, ¿Cómo están ustedes?