Los dos.—Bien, ¿y tú?

Antoñita.—Yo, bien, a Dios gracias, pa servir a ustedes. ¿Las familias güenas?... Vaya, me alegro mucho y por muchos años. Tanto gusto.

Polinio.—Muy bien, muy bien.

Pepe.—Es una monada de chica.

Antoñita.—Tantas gracias, es favor. No lo merezco. Ustedes son muy güenos, al parecer. Y ya lo saben ustedes, con permiso de mi papá, en lo que sea útil, pueden mandar a una servidora. Tanto gusto.

Prudencio.—Bueno. Pues estos señores...

Antoñita.—Repito que tanto gusto.

Prudencio.—Desean verte bailar y que nos cantes algo aquí en familia.

Antoñita.—Sí, señor, tanto gusto. Lo que deseen de una servidora de ustedes. ¿Quieren ustedes soleares, tango, sevillanas, panaderos, malagueñas, peteneras u cake-vale? Porque eso tié que ser a gusto de ustedes; porque ustedes sabrán lo que quieren; porque una no sabe con qué dará gusto; porque a lo mejor va una servidora y baila panaderos, y qué sabe una servidora si ustés les tien rabia a los panaderos. Porque eso el que lo quiere es el que lo pide.

Pepe.—¡Tié razón la chica!