Prudencio.—¿Sí, verdad? (Con entusiasmo, abrazando a su hija.) ¡Hija mía, qué porvenir nos aguarda!...
Antoñita.—¡Ya lo creo papá!
Pepe (A Polinio, aparte.) (¡Ya habrá usté advertío que tié menos gracia que una caja e betún!)
Polinio (Ídem.) (Ya, ya; pero, ¿quién le quita las ilusiones a un hombre así?)
Antoñita.—Y respective a declamar en picaresco, sabe una servidora una cosa un poco verde, que donde me la oyen, me se mueren de risa; porque una servidora, la recalca con una intención, que verán ustedes, si no les molesta.
Polinio.—No, dila, dila.
Parroquiano 1.º (Entrando.)—Buenos días; ¿me hacen el favor de afeitarme?
Prudencio (Contrariado.)—¡Hombre, espere usted si quiere, porque ahora!...
Acacio.—Siéntese, que es que estamos mu ocupaos... (El parroquiano se sienta al foro.)
Prudencio.—Empieza.