Prudencio (Asustado y tembloroso.)—¿Entran ya? ¡Ay! ¡ay, qué emoción!
Polinio (Que sigue mirando.)—¡Y qué buen público! ¡Va a estar lleno!
Prudencio.—¡Ay! ¡Aquí quisiá yo ver a la Feliciana, a ese ser egoísta y bárbaro, que estará a estas horas roncando en su cama muy tranquila! ¡Ay, qué temblor! ¡Ay, que no creí que era esto tan emocionante! (Se escuchan bastoneos y muestras de impaciencia en el público.) ¡Oye!... (Los dos atienden.) ¿Qué pasa ahora?
Polinio.—¡Que se cansan de esperar! ¡Como no empiezan!
Prudencio.—¡Ay, pues que empiecen, que empiecen!... (Muy nervioso, y recorriendo el escenario dice a grandes voces.) ¡Que empiecen! ¡Que empiecen!
Polinio (Conteniéndolo.)—¡Calla, hombre!
ESCENA IV
Dichos y Rodríguez; luego Antoñita; después Empresario y luego el Inspector; por último, Trianón
Rodríguez (Saliendo. A Prudencio.)—¿Y la Antoñita?
Prudencio.—¡Ya debe estar; ya debe estar vestida!