Rodríguez.—¡Fuera! (Antoñita sale a escena, saluda y se oye un aplauso prolongado. Los personajes que están en escena y dos o tres tramoyistas quedan entre cajas de topes y arrojes mirando a Antoñita.)
Polinio.—¿Lo ves? (Con viva satisfacción y abrazando a Prudencio.)
Antoñita (Desde escena, sonriendo a su padre con disimulo.)—¿Ve usté el efecto del saludo?
Prudencio.—¡Qué aplauso! (Muy alegre.)
Rodríguez.—¡Tenemos una gran clac! (Prudencio, indignado, le da un cogotazo. El piano deja oir un tango y Antoñita empieza a bailarlo muy mal y con ademanes raros; se pone el cordobés y se le cae en dos ocasiones. Se oyen en el público risas prolongadas.)
Prudencio (Con angustia.)—¡Ay, paece que se ríen! ¿Qué será?... ¿Qué es?... ¿Qué es?... ¿Qué es?...
Rodríguez.—No sé... ¡voy a ver! (Vase a mirar por detrás del foro.)
Polinio.—¡Nada, que se conoce que hace gracia, que gusta!... ¡Que les ha chocao lo del sombrero! (Se acentúan las risas en el público y se escuchan toses burlonas.)
Prudencio.—¡Ay, Polinio, que paece pitorreo! (Lo dice muy azorado.)
Polinio.—¡No, hombre, qué va a ser!