Antoñita (Sin dejar de bailar se acerca a la caja donde está su padre, y al dar una vuelta, dice muy rápidamente y con cara de angustia que trueca en seguida en el gesto sonriente que pone constantemente al público.)—¡Se me ha desatao una cinta! (Habla con gran rapidez.)
Prudencio.—¡Recontra! (Aterrado. A Antoñita.) ¿Salgo a atártela?
Polinio (Sujetándole.)—¡No por Dios! ¿Dónde vas? (Siguen en el público las toses y las risas.)
Prudencio.—¡Que se esperen un poco y ven y te la ato!
Antoñita (Que baila ya azoradísima.)—¡No sé de dónde es!
Una voz (En el público.)—Pero, ¿quién te ha vestido?
Prudencio.—¡No sigas!... ¡Ven, ven, Antoñita!
Polinio.—¡Calla, hombre, calla, por Dios! ¡Que la azaras!
Antoñita (Sin dejar de bailar.)—¡Y me se está cayendo una liga!
Prudencio.—¡Dios mío!