Polinio.—¡Voy en seguida! (Vase puerta derecha.)

Empresario (Empujándolos.)—¡Libre el paso! (A Rodríguez.) Que salga la Trianón y les cante la pulga, a ver si los contenta.

Rodríguez.—¡Trianón! ¡Trianón! (Dando voces primera derecha.)

Trianón (Saliendo.)—Aquí estoy. (Viste de cupletista.)

Rodríguez.—¡Sugestiva, niña, sugestiva: a ver si los amansas!

Trianón.—Conmigo hocican... Verá osté. Arriba er trapo. (Esto último lo dice mirando arriba.—Se levanta el telón, se oye el tango, empieza a bailar y se oyen voces en el público.)

Voces.—¡Esto, esto!... ¡Ahí lo bueno!... ¡Tu madre!... ¡Olé!... (La Trianón baila de un modo descocado e indecente.)

Polinio (Sale, puerta derecha, con un lío de ropa y el mantón, y se acerca donde están Prudencio y Antoñita abrazados.)—¡Vámonos! (En este momento hace la Trianón un desplante y el público aplaude, quedando luego en silencio.)

Antoñita (Llorando.)—¡Cómo la aplauden a esa! ¿Por qué no habré gustao yo así, padre?

Prudencio (Con amargura.)—¿Que por qué no has gustao así? ¡Pues porque Dios no me ha querido castigar del todo, hija mía! (Salen por detrás del telón del foro. Sigue bailando la Trianón y el público jaleándola.)