Mutación


CUADRO TERCERO

Calle corta de los barrios bajos de Madrid. Es de noche.

ESCENA PRIMERA

La Señá Feliciana dando muestras de impaciencia y de extremada curiosidad pasea por la calle envuelta en un mantón. Se para, se acerca a menudo al primer término izquierda y mira.

Feliciana.—¡Ay, Dios mío! ¡Cuánto tarda ese chico! ¿Qué habrá pasao?... ¡Los menutos se me hacen siglos! ¡Ay, Jesús Nazareno de mi alma, Dios quiera que haiga gustao esa chica!... ¡Su padre me creerá tan tranquila roncando en la cama, le conozco y llevo un diíta que no sé cómo me tengo en pie!... Porque yo lo odio; odio eso de ercenarios y de públicos, bien lo sabe la Virgen Santísima, pero así de que recibí el recao de que la chica debutaba esta noche, le puse dos velas a la Virgen, le recé un rosario y le pedí... ¡paece mentira que se lo pidiera yo!... ¡le pedí que la aplaudiesen, que la llenasen el ercenario de flores, de coronas, de tóo lo mejor que haiga en el mundo! ¡No por mí, bien lo sabe Dios! ¡Por ella, na más que por ella, por su bien y por su alegría! ¡Hija de mi alma! (Se seca los ojos con el pañuelo y mira a la izquierda.) ¡Ay! ¿es aquél?... ¡Sí, aquél es! ¡Gracias a Dios! ¡Acacio!... ¡Aquí, aquí estoy! (Llamándole con la mano.)

ESCENA II

Dicha y Acacio, que sale por la izquierda, con el traje descompuesto y con las narices hinchadas; jadeante.

Acacio.—¡Señá Feliciana!