Feliciana (Cogiéndole la mano con gran impaciencia.)—¿Qué, qué ha pasao?
Acacio.—Pu... pu... pues nada, que...
Feliciana.—¿Te has caído?
Acacio.—¡Yo no!... ¡Ha sido que!... ¡Espere usté que respire! (Toma aliento.)
Feliciana.—¿Pero ha gustao la chica?... ¡Pronto, dilo pronto!
Acacio (Titubeando y sin saber qué decir.)—No... si... la... la chica... como gustar la chica... le diré a usté...
Feliciana.—¿Qué?
Acacio.—Que al principio, sí, señora, ha gustao.
Feliciana.—¿Y luego?
Acacio.—Luego también... ¿sabe usted?... Al menos a mí.