Repollo.—¡Con desile a osté que bajó ya vendao!

Antoñita.—¡Virgen Santa!

Prudencio.—¿Y dónde tiene la cornada?

Ciruqui.—No, corná no tié denguna. Ha sío una palisa na má, sino que ha sío una de esa ¡de órdago! ¿No? (Al Repollo.)

Repollo.—¡Ha sío un cúmulo!

Prudencio.—¿Y dónde está? ¿dónde está mi hijo?...

Ciruqui.—Pues ahí se queó en un cafetín hasta sabé si su mare quié recibilo.

Antoñita.—¡Vamos, vamos por él!

Prudencio.—Sí. ¿Dónde? ¿Dónde es?

ESCENA IV