Rafael.—¿Qué quieres, nena?

Nieves.—¿No quedaron en venir esta tarde el señor Melquiades y Serafín?

Rafael.—En venir quedaron; me dijeron que a los postres.

Nieves.—¿Y cómo no habrán venido?

Rafael.—¡Qué se yo! Ya me choca que no estén aquí.

Viriato.—¡Esos dos puntos sí que tién buen humor!

Damiana.—¡De que ellos lleguen, veréis cómo se alegra esto!

Benita (Con rabia.)—Pues ojalá no vengan.

Damiana.—¿Y por qué no van a venir?

Benita.—Porque hacen menos falta que los perros en misa; que ya sé yo lo que me digo. (A Nieves.) Y tú, más valía que te fueras a buscar a tu novio, en vez de preguntar por nadie.