Damiana.—Venga, venga.
Viriato.—Venir, que va a leer unos versos Avelino. (Se acercan todos, formando semicírculo. Avelino coloca una banqueta en el centro y se sube a ella.)
Rafael (Riendo.)—¡Válgame Dios, qué chico!
Bernabé.—Que sean cortitos.
Tuliqui.—Venga d’ahí.
Zoila.—Silencio.
Todos.—¡Chist! (Callan todos.)
Avelino (Leyendo en un papel muy grande que ha sacado del bolsillo.)—A la señá Damiana y consorte, en el cincuenta y cuatrogésimo cumpleaños del natalicio de la primera.
“Subiste media centuria
de esta vida amarga y cruel;