Benita.—No, hombre, por Dios; qué se va a medir. Vamos al columpio.

Avelino (Dirigiéndose al columpio.)—Es que uno tiene que contestar a las sátiras. (Volviéndose al grupo.) ¡Si yo la he cogido de donde la he cogido!...

Benita (Incomodada, tirándole el sombrero.)—Pero ¿me lleva usté o no?

Avelino.—Sí, señora; pero es que me molesta que se malicien lo que no es. (Yendo al columpio y deteniéndose a mitad de camino.) Estoy por volver y... (Lleva al fin a Benita al columpio y la deja sentada, volviendo a recoger el sombrero. Aparte, para sí mismo.) ¡Rediez, qué bien formadita! ¡Hubiese dao cinco reales porque hubiese estao el columpio en el Puente de Vallecas! (Vuelve y la mece.)

ESCENA II

Benita y Avelino, en el columpio. Bernabé, Virutas y Tuliqui, al fondo con dos o tres más. Por la izquierda, primeros términos, Nieves con la Trini.

Nieves (Saliendo.)—¿Lo ves? Ya no viene Serafín. ¡Si tengo yo una suerte!... (Contrariada, agitando nerviosamente el abanico.)

Trini (Hablando en voz baja.)—¡Pero, por Dios, mujer; disimula, que te van a conocer el mal humor!

Nieves.—¡Que me lo conozcan, no tengo genio de disimular náa!

Trini.—Y luego a mí, lo que me apura es tu novio. ¡Tóo el día huyéndole! ¿Lo habrá notao?