Serafín (A Trini.)—¿El perro de usté, embiste también, joven?
Trini (Con coquetería.)—Ni perrito que me ladre tengo.
Serafín.—Pues cuelgue usté su hermosura de esta escarpia, que ha encontrao usté un lebrel. (Se cogen del brazo y hacen mutis por la lateral izquierda, pero bajando al proscenio para pasar por delante de Nieves que, como es natural, queda contrariada al ver que se van juntos.) ¡Y a ver si va a poder ser que pueda uno hablar con una mujer guapa!
ESCENA V
Benita, Nieves, Damiana, Higinio y el señor Rafael
Rafael.—Te has ocecao, Higinio; te has ocecao.
Nieves (Con ira.)—Ha metío la pata, dígalo usté claro.
Higinio.—No, señora.
Damiana.—Sí, señor; que si hubiese hecho algo malo aquí estaba su madre pa regañarla.
Benita.—¡Ha hecho muy bien, muy bien y muy bien!