Higinio.—¿Que me marche? Pero, ¿estás en lo que dices?
Nieves.—No tengo más que una palabra.
Higinio.—Está bien. No me lo dirás dos veces. Me voy. Pero antes de irme, escucha una cosa, Nieves. No serás mía, pero de ese hombre tampoco lo eres. Mialás: jurao; al tiempo. (Vase fondo izquierda.)
Benita (Aplaudiendo.)—Muy bien, muy bien y muy bien.
Damiana.—Pero, ¿quieres callarte y no agriarlo más, tonta del bote?
Benita.—Pues no me callo y no me callo, porque tié razón; sí, señora, y sí, señora.
Nieves (Airada.)—¿Y de qué tié razón, vamos a ver?
Benita.—De todo, sí, señora; que lo que hay es que tú quiés ser señorita y tener lujo y por eso despachas a Higinio, porque es un pobre, y en cambio te has enguirlotao con un tío pinturero que crees que te va a dar el oro y el moro; eso es.
Nieves (Contenida por sus padres.)—Pero ¿no es pa darla una bofetá?
Rafael.—Pero ¿qué estás diciendo ahí contra tu hermana?