Avelino.—Digo de apellido.

Benita.—Baranda.

Avelino (Sonriendo.)—¡Baranda! ¡Hombre, qué casualidad! Usté Baranda y yo, Escalera. ¡Nos completamos! (Mirándola con arrobamiento.) ¡Baranda! (Muy meloso.) ¡Con qué gusto me asomaría!

Benita.—¿Dónde?

Avelino.—Nada, nada; es una cosa pa mí solo. De forma que las iniciales de usté son, B. B.

Benita.—Creo que sí; B. B.

Avelino.—Bueno; pues la voy a hacer a usté un B. B. entrelazao, en el tronco de un árbol, con letra de adorno, que se va usté a quedar visueja.

Benita.—¿Y pa eso me ha dao usté este susto?

Avelino.—Y debajo de su enlace pondré mis iniciales: Avelino Escalera Jordán. A. E. J. (Muy fino.) ¿Me permitirá usted que por lo menos toque la J en su enlace?

Benita.—Como si quiere usted tocar la muñeira.